26 Mar, 2010

Enviado por Nuria Sanguino en SOCIEDAD | 2 Comentarios

“SIEMPRE HAY EXCEPCIONES” (GENERACIÓN “NI-NI” VERSUS GENERACIÓN “SI-SI”)

Como todas las mañanas, el pasado jueves me dispuse a hacer mi “break” particular en el trabajo. No digo “particular” porque tenga nada de especial, sino porque a la hora que suelo ir no hay nadie en la cocina; si acaso algún compañero fumándose un pitillo, con el que me cruzo alguna palabra que otra dependiendo del día. Si es lunes, prácticamente destacan los silencios y como mucho asoma alguna frase suelta como ¿qué tal el “finde”? O un ”a ver si para de llover y sale el sol de una vez que nos cargue las pilas, que ya está bien, ¡hombre! (cómo cuando la mayoría de los mortales no tenemos ganas de charla…, pues eso, vosotros entendéis a lo que me refiero). En cambio, si se acerca el jueves, todo cambia.

Pues como iba diciendo, ese día, precisamente, no había nadie. Tan solo una revista encima de la mesa para estudiantes. Seguro que la habría dejado alguna de las chicas que trabajan como “teleoperadoras” por las mañanas, y que compaginan sus estudios por las tardes. He aquí la primera excepción. Hay gente joven que, en los tiempos que corren, estudia y trabaja.

Como no tenía nada mejor que hacer, entre bocado y bocado, me dispuse a ojearla. No recuerdo el nombre de la revista, pero eso no es lo más importante ahora. A lo que voy es, que me encontré con un reportaje para chavales de 18 años cuyo título era algo así como “la carrera que estudias es POR VOCACIÓN O POR OBLIGACIÓN”. Quedé sorprendida, y una especie de envidia “siempre sana” me entró por todo el cuerpo, cuando descubrí que de los aproximadamente 20 jóvenes que aparecían, todos pertenecientes a diferentes Comunidades Autónomas de éste, nuestro país, la contestación era rotunda: “POR VOCACIÓN”. Si bien creo recordar, tan sólo uno de los encuestados reconoció que la carrera que hacía era más bien porque le había tocado.

Entonces todo un sinfín de recuerdos vinieron a mi cabeza, y retrocedí 15 años en el tiempo, a mi época de estudiante universitario, en la que me encontraba en su misma situación. Hace quince años las aulas se desbordaban. Éramos un número cualquiera. Nos sentábamos en las ventanas, y a los tres meses de curso nos cansábamos de ir a clase porque los profesores, en su mayoría, frustrados por el plan de estudios, dictaban apuntes y no aportaban nada. La relación profesor-alumno era prácticamente nula en las facultades.

Podías preguntar a la mayoría de tus compañeros “el por qué de su situación como estudiante universitario en tal o cual carrera”, y ocurría exactamente a la inversa “ESTUDIO POR OBLIGACIÓN”, y por una doble vertiente: porque mis padres me han obligado a estudiar, y porque es para lo que me dio la nota.

Éramos muchos, y muy bien preparados. Pero todos inmersos en una especie de laberinto, en el que prácticamente ninguno estábamos en el lugar en el que desde pequeños habíamos soñado, y que considerábamos, no nos correspondía; precisamente en el que “por obligación” nos metimos, acostumbramos, e incluso con el paso de los años, reconocimos, nos gustaba, porque el esfuerzo había podido tanto, que quisimos autoconvencernos de la situación en sí misma, y nos la quisimos creer como buena y productiva para nuestro futuro profesional.

Ahora lo discuto día si y día no con mi compañero de fatigas y en la vida real; con algunos amigos a los que la vida profesional les ha tratado rebién con una formación profesional; ésa, que nuestra generación despreció por la mala fama que se cosechó en los años 80, y que ahora, afortunados los que dedicaron y aprovecharon dos o tres añitos de su vida a realizar estudios de formación profesional. Y a pesar de contemplar la realidad, defiendo mi postura a “capa y espada” porque nos ha costado mucho, sacar contra viento y marea, algo que, creímos productivo en su momento, y que nos iba a proporcionar una situación, cuanto menos, ventajosa a nivel profesional y económico.

Es verdad, no podemos eludir la realidad. El mercado laboral tiende hacia una selección de “profesionales de” o de “expertos en”. Si lo queremos interpretar de forma coloquial, este tipo de perfil se consigue con la experiencia laboral adquirida en los diferentes puestos de trabajo que un profesional haya tenido desde muy jovencito. Y esto es lo que demanda el mercado hoy en día: aptitudes innatas e iniciativa personal, algo que los planes de estudios universitarios, como se ha podido comprobar a lo largo de décadas, no ofrecen.

La cultura está muy bien, pero ya hace tiempo que se empezó a posicionar en un segundo plano, y en la actualidad sirve e interactúa como complemento a la capacitación y a la experiencia profesional.

Con una percepción totalmente materialista, se necesitará para algo la filosofía?, el periodismo que ahora nos enseñan en las facultades?; y qué decir, del sentido y utilidad que tendrán licenciaturas como historia, filología o arte. Los estudios de humanidades y letras dejaron de ser compatibles con el mundo laboral.

Quizá este ciclo económico, que numerosos expertos en la materia pronostican su fin, y el consecuente período de transición en el que obligatoriamente estamos involucrados, paradójicamente nos trate mejor; y todo ello por no contar con un número suficiente de jóvenes titulados de aquí a unos diez años.

No podemos obviar (“valga la redundancia”), lo que es obvio. Nos encontramos en un período de incertidumbre, pero quiero ser optimista y pensar que algún día el mercado demandará a una de las generaciones, casi osaría decir, la mejor preparada de nuestro país.

Admiro a mis descendientes, porque en realidad, teniéndolo todo, aprovechan sus estudios por placer, gusto, vocación, o como lo queramos llamar.

Por todo ello, a esa minoría, a esa excepción que rompe la regla, a esa generación que de alguna forma me doy el gustazo de llamarles “SI-SI (si estudio, si quiero trabajar, y de alguna forma sentirme útil con lo que más me gusta hacer) os felicito. Aprovechad el momento y seguid con ilusión, que de alguna forma, tampoco lo tenéis fácil. Tenéis pocos competidores, eso sí, pero lucháis contra otros factores, contra otros gigantes, diría yo. Con el cambio económico que los especialistas auguran, la competencia con vuestros compañeros especializados en “¿?” sin formación académica previa, o contra la revolución y el cambio de factores que son proclives a la desaparición de muchas materias abocadas a la desaparición o al olvido.

Nuria Sanguino

  1. Me ha emocionado, de verdad!. Hace algunos años, pensaba que estudiar una Carrera, sería sinónimo de conseguir “Un pleno al 15″ en la vida, por eso, de alguna forma, incité, que no obligué, a que mi hija cursara estudios universitarios. Estaba convencida de que la vida, le iba a deparar un campo de posibilidades mucho más amplio que a los de mi generación (los 60). Hoy, estoy orgullosa, francamente. Ese campo de posibilidades no se ha traducido en un mejor trabajo, ni en una profesión liberal altamente reconocida, pues es “mil eurista” en una empresa de las muchas que hay en este Madrid de las oportunidades, a pesar de tener una formación impecable, pero le ha servido para asomarse al balcón de este mundo con otra perspectiva, con una visión más amplia. De modo, y a pesar de si se estudia por vocación o por obligación, yo estoy a favor de que se estudie, siempre, siempre, por formación, por educación, y si además, consigues un trabajo que esté compensado con los esfuerzos realizados, mejor que mejor.
    POSDATA: yo de mayor, me pido maruja,(y lo digo sin acritud y con todos mis respetos) hasta el moño estoy de realizarme día a día a las 6 de mañana.

  2. Hola noNinis!

    Hemos creado una plataforma universitaria para que los jóvenes demuestren que no son tan Ninis como los pintan. Os invito a sumaros al manifiesto en Facebook: http://www.facebook.com/pages/De-Ninis-Nada/111559028877907?ref=ts

    Así que si eres joven Ni te calles, Ni agaches la cabeza. ¡Defiende a tu generación! http://www.deninisnada.com

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